Escribo esta líneas para agradecer todas las llamadas que estamos recibiendo a lo largo de la mañana preocupándose por nosotros. Podemos dar gracias a Dios, porque estamos todos bien. Desconcierto, susto y preocupación por el resto de compañeros (primero las embarazadas) y por los alumnos. Eramos un centenar de personas las que estábamos trabajando o en clase en un radio de 15 metros del coche-bomba (miles en el resto del edificio, otros edificios cercanos y los jardines del campus). Unos cortes y golpes, además de alguna que otra crisis nerviosa, es poco equipaje. Hoy han sudado la camiseta los ángeles custodios.
Pero sobretodo escribo para recuperar la normalidad. Estos canallas no van a alterar nuestra vida por mucho que lo intenten. Estamos ansiosos por volver a nuestros despachos (si siguen en pie) y recuperar esa llamada para reclamar un envío de paquetes, preparar la documentación del seminario del martes, reservar el vuelo para el congreso en Austria...
Con serenidad, y aplomo. Mucho aplomo porque con nosotros no pueden. Aquí estamos y aquí seguiremos. Saben dónde estamos y les esperamos sin miedo.
Guillermo,
Han pasado seis años desde que te fuiste al cielo y para mi parece que fue
ayer.
Muy a mi pesar el tiempo pasa, los niños crecen sanos por ahora,...
Hace 9 años